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Carátula de Kill Me
Crítica · 2026

Kill Me

★★★½
Fotograma de Kill Me

Imagina que te despiertas en tu bañera, con agua roja porque está mezclada con sangre, y llamas a la policía. así empieza “Kill me”, una comedia negra divertidísima, vehículo para Charlie Day, que también produce.

La película juega continuamente con los equívocos y la duda razonable sobre el protagonista, y bebe mucho de thrillers clásicos que ponían el foco en la sospecha hacia el protagonista. Las influencias con “Sospecha” de Hitchcock me parecen más que evidentes, pero en tono mucho más humorístico.

Un producto como éste, podría haber tratado a sus personajes de manera mucho más superficial, pero aquí la evolución de los protagonistas es genuina, sobre todo la de Margot, la telefonista del 911 que sorpresivamente acabará ayudando al protagonista en sus aventuras, interpretada por Allison Williams. Se entiende que en una situación de sospecha sobre una persona que acabas de conocer, y con todas las pruebas en contra, pueda haber un atisbo de duda y de pena por tu historia vital anterior y por ser un perfil claramente altruista.

Charlie Day hace de Charlie Day. Los que lo hayáis visto en “It’s always sunny in Philadelphia” ya sabéis de lo que hablo. Es histriónico, pero aquí encaja perfectamente con el tono de la película y con un personaje dañado que solo quiere encontrar su camino y resolver el misterio que solo él piensa que existe.

Son personajes que me han resultado simpáticos y con los que he empatizado y he acabado amando al final de la película, aunque alguno de ellos fuera sospechoso de acabar siendo un auténtico desquiciado. Que también aparezca Giancarlo Esposito es un plus, ya que contribuye a la confusión de toda la trama, y porque es un gran actor.

Acudí a ver “Kill me” sin expectativas y sin saber nada de ella, y la he disfrutado y me he reído mucho. Recomendada.

#sitges2026

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Críticas recientes · comedia

Carátula de Sacrifice
★★2025

Sacrifice

“Sacrifice” de Romain Gavras es tan vacío como otras obras del director. Su modus operandi es claro, nos da un arranque y primer acto fantásticos, nos da esperanzas de que vamos a ver algo realmente especial, y luego se desinfla como un globo. Esto ya pasó con su famosa “Athena”, formalmente excepcional pero muy vacía de contenido. En este caso nos encontramos con una secta liderada por Joan (Anya Taylor-Joy), que asalta una gala de famosos para sacrificar a una estrella de cine (Chris Evans), un multimillonario (Vincent Cassel) y una artista, según dicta una extraña profecía. Tiene un buen primer acto en el que todavía no sabemos demasiado bien qué esperarnos, pero después se va por las ramas sin saber demasiado bien qué nos quiere contar. Desconozco si es una crítica al capitalismo, a las sectas o al ecologismo, pero me parece que simplemente es un intento de análisis de algunas variopintas mentes enfermas. Algunos momentos son visualmente muy poderosos, con bonita fotografía, con un estilo muy Gavras, y hay que reconocer a Anya Taylor-Joy y Chris Evans que lo dan todo y no se dejan una gota por sudar, pero el material original no es demasiado bueno y no tienen tanto espacio para brillar. John Malkovich como líder de la secta ya lo habíamos visto el año pasado en la pésima “Opus”, y aquí está aún más desaprovechado, en un modo automático que a veces da vergüenza ajena. “Sacrifice” es insustancial, insulsa y vacía. Un quiero y no puedo.

Carátula de Buddy
★★★★2026

Buddy

Para el cinéfilo menos aventurero, “Buddy” sería la siguiente película divertida para llevar a los hijos a una tarde de cine. Un bonito y amable unicornio ameniza los días a los niños de una pequeña aldea. Todo parece idílico, pero el valle inquietante acecha, y en tus entrañas sabes que toda la escena no tiene nada de idílico. Buddy esconde un secreto que no es precisamente de Barrio Sésamo. La película es una gozada de principio a fin. Es un terror divertido que bebe mucho del terror liminal, esos espacios inquietantes en los que sabemos que algo malo está sucediendo pero no somos conscientes de toda la realidad. El show de “It’s Buddy!” se convierte en una especie de purgatorio para los niños y adultos que se encuentran en él, y Buddy ejerce de anfitrión a lo Willy Wonka que permite que los niños sean felices, siempre y cuando obedezcan sus normas. Por desgracia Buddy no lleva nada bien cuando se le lleva la contraria, y estos actos sirven como catalizadores para la locura del “amable” muñeco. “Buddy” juega mucho con la comedia, riéndose de todos los clichés de las series noventeras al estilo de los Teletubbies y Barney, el dinosaurio morado. Pero además, la película tiene la habilidad de romper los esquemas e irnos sorprendiendo continuamente mientras expande el universo del propio show de niños. El humor funciona, y el terror también, y tengo que admitir que me ha dejado una sensación muy extraña al acabarla, como de felicidad culpable. Como si esta noche me fuese a acostar plácidamente en la cama y al abrir los ojos me fuese a encontrar dentro del show, riéndole las gracias a un unicornio gigante de peluche. La sensación es como cuando algunos cuarentones vimos el extracto “It’s a good life” de “En los límites de la realidad”, dirigido por Joe Dante. Las pesadillas duraron meses. En la película se dan cambios de formato cinematográfico justificados por el argumento, y que le añaden una capa plástica muy atractiva y a veces terrorífica. Se nota que es una película de bajo presupuesto, 3 millones de dólares, pero está bien utilizado y luce perfecto para la historia que trata de contar. Los niños son excelentes y la voz de Keegan-Michael Key es terrorífica, porque sabe pasar de personaje apacible a psicópata de tacto suave en décimas de segundo. “Buddy” me ha divertido mucho, y no quiero ser pesado, pero dura 95 minutos que pasan en un suspiro. No tiene subtramas innecesarias y cumple su trabajo con rigor (y con hacha). Una gran película muy recomendable.

Carátula de Adolescencia, sexo y muerte en campamento Miasma
★★2026

Adolescencia, sexo y muerte en campamento Miasma

“Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma” es una de esas películas cargadas de etiquetas queer/meta/terror/slasher que encajaría muy bien solo en una de ellas pero que intenta abarcar más de lo que puede. Me gusta el cine que arriesga y que te hace romperte la cabeza. Amé “Resurrection”(2025) de Bi Gan. Era tan incomprensible dentro de su metalenguaje cinematográfico que me enamoró y me empujó a su abismo sin piedad. En Campamento Miasma, Jane Schoenbrun no hace más que subrayar continuamente y de manera poco comedida, lo que quiere que entiendas (la metáfora de la salsa, por ejemplo). Te guía hacia algo que ni siquiera parece estar claro en su mente. Hay una escena epifánica en la que la protagonista hace un pitch de la historia que quiere contar a los productores, y a muchos se nos quedó la misma cara de asombro que a los que estaban en esa videollamada con ella. Un batiburrillo de ideas incomprensibles en las que había por lo menos dos grandes películas pero que se quedaron en una regular. En “El brillo de la Televisión”, la anterior película de Schoenbrun ya se trataba el tema de la identidad sexual a través de la cultura pop, también de manera poco discreta y visualmente hipnótica, porque hay que admitir que las películas de Schoenbrun son visualmente fascinantes. Y es que el gran problema de Campamento Miasma es que quiere cubrir demasiadas ideas. Las expectativas pueden, literalmente, asesinar a la película. Si vas a verla pensando que es un slasher, la vas a odiar. Si la quieres ver como un coming of age sexual, también. Para verla, hay que ir con la mente abierta y bien despierto, porque los picos y valles de ritmo son bestiales, hasta el punto que te pueden sacar completamente de la película, como me pasó a mí. No todo es malo, en absoluto. La relación entre las dos protagonistas es bonita, y tiene sentido la fascinación de Kris por la figura misteriosa de Billy Presley, y también el impacto que sufre la veterana actriz por esa visión joven y fresca de un producto ochentero muy hijo de su época. Es imposible no enamorarse de Gillian Anderson y de su aura misteriosa. Los que la descubrimos en “Expediente X” la hemos seguido desde entonces y hemos visto su evolución artística, sin miedos ni miradas atrás. No conocía a Hannah Einbinder, pero me ha parecido excelente en ese papel de semi inocencia en busca de la identidad sexual. Lo que Jane Schoenbrun ha hecho muy bien aquí es mostrarnos todas esas inseguridades de las personas (en este caso, queer) que saben lo que no quieren pero todavía no saben muy bien lo que sí quieren. Kris está en una relación poliamorosa que no le llena en absoluto, y en Billy y el cine slasher encuentra algo que sí le provoca el éxtasis. El diseño de producción es exquisito, y juega mucho con los decorados pintados. Los efectos visuales se usan para realzar el tono surrealista de la cinta, y funcionan muy bien en los momentos de más gore. concretamente hay un plano secuencia que va alternando entre primera y tercera persona, al son de la hipnótica “A Long December”, de Counting Crows, que pone los pelos de punta. No suelo salir enfadado del cine, siempre intento ver el lado bueno de una creación que ha dado trabajo y felicidad a tantas personas. No me molesta ver una mala película, muchas las disfruto, pero sí me enfada cuando veo que una película podría haber sido muy grande y se queda a medias en todo. Es lo que me pasó con “Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma” Encuentra todo mi contenido en www.replicantcine.com

Carátula de Digger
★★★★2026

Digger

Es difícil hablar de “Digger”(excavador) sin spoilers, pero lo intentaré. A los estadounidenses nunca les han gustado las películas críticas con su legado. Ellos son más de historias épicas de supervivencia y crecimiento personal. Cuando la batuta la lleva un mexicano algo pretencioso que matará antes de dejarnos indiferentes, está claro que la película lo va a tener complicado en taquilla. Por algún motivo que escapa a mi mente, Alejandro González Iñárritu consiguió convencer a la Warner Bros para producir una película de 180 millones de dólares sobre un viejete magnate del petróleo que causa una crisis medioambiental de primer nivel. Y no he rascado ni un poco de la superficie de la trama con esta sinopsis. “Digger” trata esta tragedia de manera grotesca y esperpéntica, mostrándonos un desfile de personajes absurdos y exagerados hasta el infinito en una situación que les queda muy grande. Es inevitable hacer comparaciones con “Dr. Strangelove” de Kubrick o incluso con “Beau tiene miedo”. Es excesiva, apasionante y rara, muy rara. Después de un primer acto algo farragoso en el que se ponen todas las “sorprendentes” cartas sobre la mesa, la película agarra un ritmo frenético y ya no suelta hasta el final. Recuerdo ser muy autoconsciente de lo lento que se hacía ese primer acto, y de lo engreído y condescendiente que me estaba pareciendo, pero lo cierto es que ya me tenía atrapado entre sus garras y de pronto el reloj ya no me importaba, muy al contrario, me quería quedar a vivir en esa historia. Y de ahí ya va solo de subida y sin parar. Tom Cruise es portentoso, con algunos monólogos épicos y un pathos muy interesante que se vuelve apasionante cuando conocemos todos los entresijos de la historia. Sería un serio candidato al Oscar si no fuera porque nadie ha ido a verla, y es una pena. En este caso, el premio lo va a perder por la taquilla, y no por su interpretación, aunque creo que se llevará como mínimo una nominación a la estatuilla. Uno podría pensar que la estrella absoluta es el Digger de Tom Cruise, pero sorprende que los actores de reparto están tan bien o mejor que él. Muchos de ellos son de esos que reconoces de varias películas pero que no sabes muy bien sus nombres. Están todos apoteósicos, de verdad, pero John Goodman como el Presidente de los Estados Unidos es una historia aparte. Una especie de Donald Trump en esteroides, completamente autoparódico que poco menos que debería ganar el Oscar a mejor actor de reparto. La película luce de maravilla, de muy alto presupuesto, pero no puedo evitar pensar que de los 180 millones que ha costado, 80 se los han fumado, porque esto es una película de 100 millones, que en cualquier universo, es muchísimo dinero para este tipo de historia. Pero no os dejéis llevar por mis palabras, “Digger” tiene un diseño de producción espectacular y cada detalle está cuidado al milímetro. Las elecciones cromáticas son impecables y respira plasticidad en cada escena. Es bella de ver. El fracaso de la película en taquilla, le granjeará el estatus de basura absoluta o tal vez de joya de culto. De momento no vale la pena debatir demasiado sobre eso porque solo el tiempo dará la razón a unos u otros. Si me pedís mi opinión, tengo claro que en 20 años se hablará mucho de ella. Para mí “Digger” es un sí rotundo y una experiencia para ver en cine.