
El infierno del odio
“El infierno del odio”(1963, Akira Kurosawa) es genuinamente una obra de arte. Un estudio detallado, por un lado de la psique humana, y por el otro, de un crimen, desde su inicio hasta su resolución. Es un hito en la filmografía de Kurosawa, y eso es mucho decir.
La interpretación de Toshirō Mifune es contenida pero muy expresiva, la mejor de todas. Y destaco a Tatsuya Nakadai y a Tsutomu Yamazaki en sus respectivos papeles de policía y criminal. Los secundarios son un auténtico lujo y aportan un contrapunto que entra en juego en momentos clave.
El guion está estructurado de manera muy clara, con cuatro partes bien diferenciadas: crimen, rescate, investigación, caza. Cada una no puede ser más distinta que la otra. Pasamos de diálogos ágiles a minutos y minutos de silencio, y todo funciona como un reloj suizo.
A nivel técnico, es un portento. La composición de planos tanto estáticos como en movimiento, es sublime. Literalmente cada plano sería fruto de estudio en las escuelas de cine. Simplemente, te quedas con la boca abierta.
En resumen, una película perfecta, de manual, y de la que cientos de películas han bebido de manera evidente.
Histórica.