
Sirat: Trance en el desierto
Un padre busca a su hija en los desiertos de Marruecos, junto a su hijo pequeño y su perro. Allí encontrarán a unos personajes alienados que persiguen su destino en un viaje suicida a una rave idealizada que se celebra en los confines de África, mientras se desata el apocalipsis a su alrededor.
En medio de largas secuencias con música tecno y una fotografía fascinante, Oliver Laxe nos transporta en un viaje sin destino que se irá tornando cada vez más inútil y dramático, creando una experiencia inmersiva y sugerente.
Los giros de guion (sí, ese giro que te destroza por completo) y la mezcla de géneros (thriller, road movie, melodrama y survival movie) generan una vivencia desconcertante, y no hacen más que añadir sentido a la futilidad de un viaje confuso, duro y cruel, hacia ninguna parte.
La he odiado y amado a partes iguales, porque me ha hecho sentir cosas que no me gustan, y ahí es donde radica el éxito de la película, es un shock emocional potente e indeleble que deja huella.