
Clayface

“Clayface” es la nueva entrega de este extraño universo DC sin rumbo. Por suerte, la película abraza el body horror más repulsivo y el revenge thriller más ochentero.
Matt Hagen, un actor en pleno ascenso en Hollywood, queda desfigurado tras el ataque de un jefe criminal de Gotham. Desesperado, se somete a un tratamiento experimental que reconfigura la materia orgánica, pero el experimento sale mal.

Lo mejor de la película es que tiene un corte clásico y no trata de inventar la rueda. Tiene una estructura sencilla pero eficaz y no abusa ni de efectos visuales ni de recursos facilones. Me ha parecido algo muy parecido a lo que veríamos una noche de sábado en los 80 después de pasar por el videoclub, y eso me ha gustado mucho. El atormentado personaje de Matt Hagen (Tom Rhys Harries) tiene un arco de venganza con mucho sentido que lo lleva a cometer actos terroríficos. Los efectos son sencillos pero muy efectivos, y el gore fluye salvaje y sorprendentemente para una película de DC. De hecho hay algunos momentos de horror corporal que me dieron muchísimo asco, mucho más que con otras películas supuestamente más repulsivas.
Dicho esto, vuelvo a lo enrevesado de este universo DC. Tenemos historias superheróicas como “Superman”, space operas fallidas como “Supergirl”, comedias negras de acción como “Peacemaker” y ahora este “Clayface” oscurísimo que no parece encajar demasiado bien en ningún género amigable con el universo de James Gunn. ¿Hacia dónde va esto? Sinceramente no tengo ni idea y tampoco parece que le importe a demasiada gente. Fui al cine con cinéfilos bastante bien informados y no tenían ni idea si la película era sobre un villano de “The batman II” o si saldría en la siguiente de “Superman” junto con el Pingüino. La gente ya no sabe ni lo que esperar ni lo que va a ver. Había muchos niños en la sala que creo que no han salido demasiado convencidos ni contentos, y los padres menos (demasiada sangre).
“Clayface” es muy disfrutable. Una sólida película “standalone” que intentarán meter con calzador en un universo enloquecido, pero no hagáis caso. Pasad un buen rato sin pensar demasiado en el futuro.
Tráiler
Críticas recientes · terror

Species (Sanguine)
Margot, es interna en las urgencias agotadoras del hospital Charles Boyau. Allí atiende a pacientes jóvenes con mutaciones misteriosas mientras su propio cuerpo empieza a transformarse. Éste es el argumento de “SANGUINE”, que ha ganado la 59ª edición del Festival de cine de Sitges como mejor película, y sin haberlas visto todas ni mucho menos, creo que merece el galardón. Tiene buen ritmo y bebe bastante de otras películas conocidas, pero le imprime una textura propia, tanto visual como de mensaje, que la hace muy relevante. El body horror ha pasado de ser alimento de películas de terror de serie B cuyo único propósito era horrorizarnos, a convertirse en símbolo de los problemas sociales de nuestros tiempos, y algunas directoras francesas contemporáneas se han convertido en sus principales adalides. Coralie Fargeat, Julia Ducournau y ahora Marion Le Corroller con su ópera prima “Sanguine”. Las similitudes estéticas y sonoras con “La sustancia” son evidentes, pero su temática deriva hacia otros derroteros. Lo que en la película de Fargeat era una crítica a la obsesión por la belleza, aquí la advertencia mordaz es hacia la explotación laboral y el estrés de un mundo que cada vez va más rápido, a veces sin demasiado propósito. Aún más similar en temática me ha parecido a “Alphas” con esa enfermedad que solo parece afectar a jóvenes, aunque la alegoría es hacia la drogadicción y el SIDA. Me ha gustado la mezcla de seriedad y algo de comedia involuntaria de la película, aunque tal vez me ha faltado un poco de intensidad. A pesar de ser una gran película, carga con el bagaje de las comparaciones evidentes y peca de tal vez haber llegado 5 años más tarde. Es una muy buena película pero se desinfla un poco en su tercer acto, aunque la moraleja final es durísima, cruda y letal. Solo con sus últimos 5 minutos ya merece cualquier premio que le den.

Aniquilación
“Aniquilación” (Onslaught) de Adam Wingard, es una carta de amor al cine de serie B, directo y desenfadado de los 70 y 80. Con una manejable duración de 92 minutos cuenta una historia sencilla y directa, aunque lo podría haber sido mucho más, y que bebe absolutamente del cine de John Carpenter, de hecho me ha parecido un homenaje poco encubierto a “the fog”, con demasiados parecidos como para que sean solo casualidad. Los asesinos implacables con ojos luminosos, la eterna niebla, la música de sintetizador y una madre devota que hará lo que sea para proteger a su hija. Wingard nunca ha ocultado su gran admiración por el maestro Carpenter. Tampoco parece casual que los tres asesinos usen algunas armas míticas de las películas slasher, y que sean casi indestructibles, como si Jason Voorhees, Michael Myers y Leatherface estuviesen persiguiendo a los protagonistas. La película apuesta por la acción estilizada, gore exagerado, y planos muy cuidados, con una espectacular fotografía de claroscuros, pero no es perfecta ni de lejos. El trabajo de personajes no me ha convencido, con una Celeste, interpretada por Adria Arjona, que lejos de provocarme empatía, solo me daba ganar de meterla en un frenopático. Rebecca Hall pasaba por allí y está más que desaprovechada, mientras que Dan Stevens (actor fetiche de Wingard) tiene un papel interesante pero que me pareció bastante insustancial. Demasiados villanos que podrían haber sido menos de la mitad y la película habría funcionado igual. Adam Wingard es un director irregular, de esos que siempre está a punto de tocar el cielo pero que normalmente se queda a medio camino. “The guest” y “You’re next” son sin duda sus mejores películas, y tienen puntos muy interesantes y únicos, bastante mejores que “Aniquilación”. No puedo decir que esperaba algo mejor, solo es un consumible para subir la adrenalina durante hora y media y no pensar demasiado. Y a veces no necesitamos nada más. Al menos tenemos a Reginald VelJohnson, nuestro querido Carl Winslow de “Cosas de casa”, al que vemos bastante poco últimamente en producciones de cierto peso.

Buddy
Para el cinéfilo menos aventurero, “Buddy” sería la siguiente película divertida para llevar a los hijos a una tarde de cine. Un bonito y amable unicornio ameniza los días a los niños de una pequeña aldea. Todo parece idílico, pero el valle inquietante acecha, y en tus entrañas sabes que toda la escena no tiene nada de idílico. Buddy esconde un secreto que no es precisamente de Barrio Sésamo. La película es una gozada de principio a fin. Es un terror divertido que bebe mucho del terror liminal, esos espacios inquietantes en los que sabemos que algo malo está sucediendo pero no somos conscientes de toda la realidad. El show de “It’s Buddy!” se convierte en una especie de purgatorio para los niños y adultos que se encuentran en él, y Buddy ejerce de anfitrión a lo Willy Wonka que permite que los niños sean felices, siempre y cuando obedezcan sus normas. Por desgracia Buddy no lleva nada bien cuando se le lleva la contraria, y estos actos sirven como catalizadores para la locura del “amable” muñeco. “Buddy” juega mucho con la comedia, riéndose de todos los clichés de las series noventeras al estilo de los Teletubbies y Barney, el dinosaurio morado. Pero además, la película tiene la habilidad de romper los esquemas e irnos sorprendiendo continuamente mientras expande el universo del propio show de niños. El humor funciona, y el terror también, y tengo que admitir que me ha dejado una sensación muy extraña al acabarla, como de felicidad culpable. Como si esta noche me fuese a acostar plácidamente en la cama y al abrir los ojos me fuese a encontrar dentro del show, riéndole las gracias a un unicornio gigante de peluche. La sensación es como cuando algunos cuarentones vimos el extracto “It’s a good life” de “En los límites de la realidad”, dirigido por Joe Dante. Las pesadillas duraron meses. En la película se dan cambios de formato cinematográfico justificados por el argumento, y que le añaden una capa plástica muy atractiva y a veces terrorífica. Se nota que es una película de bajo presupuesto, 3 millones de dólares, pero está bien utilizado y luce perfecto para la historia que trata de contar. Los niños son excelentes y la voz de Keegan-Michael Key es terrorífica, porque sabe pasar de personaje apacible a psicópata de tacto suave en décimas de segundo. “Buddy” me ha divertido mucho, y no quiero ser pesado, pero dura 95 minutos que pasan en un suspiro. No tiene subtramas innecesarias y cumple su trabajo con rigor (y con hacha). Una gran película muy recomendable.

Engendro
“Nightborn” es un interesante y poco sutil estudio sobre la maternidad y la depresión postparto, combinado con el folk horror. Después de dar a luz, Saga comienza a tener grandes dudas sobre su recién nacido. Ella vive junto a su marido Jon en una casa familiar situada en una zona boscosa de Finlandia en la que la leyenda y el folklore son parte del lugar. Quien haya sido padre o madre primerizo seguro que se verá reflejado en algunos de los momentos de la película. De pronto, un ser extraño y desvalido entra en tu casa y se convierte en el protagonista de todo tu universo. No sabes nada de él y él no sabe nada de ti, simplemente le ofreces amor incondicional con la esperanza de que toda esa “inversión” de tiempo, esfuerzo y ruptura con tu pareja, valga la pena. Mi visión, como es evidente, es la del padre, y aunque son momentos muy compartidos con la pareja, solo puedo ver desde fuera lo que siente la madre, esa persona que acaba de expulsar de su cuerpo a una personita de 3 kilos y pico. “Nightborn” es una película que solo se podría contar con la sensibilidad de una mujer, y para mí, no tendría sentido que la contase un hombre. Es importante resaltar que la directora Hanna Bergholm realizó esta película después de su propia maternidad, como nos confirmó en el pase del Auditori en el Festival de cine de Sitges. Saga vive un proceso de enajenación, entendimiento y apoyo hacia su bebé que tiene mucho sentido cuando nadie entiende realmente lo que está pasando y solo lo entiendes tú. Seidi Haarla está excepcional en el papel de madre reciente, y Rupert Grint, el Ron de “Harry Potter” también está notable como ese padre que solo quiere lo mejor pero que no entiende en absoluto lo que le está pasando a su mujer. La película está plagada de momentos dramáticos, terroríficos, y lo que me ha encantado: muchísimo humor. Lo que mata a este tipo de películas es la ausencia de humor. Se me ocurre la comparación con “Lamb”, con la cual encuentro muchas similitudes, pero a diferencia de ésta, la película del cordero humanizado no me gustó nada, me resultó plana y demasiado seria. “Nightborn” mezcla géneros de maravilla, pasando del drama más descarnado al humor más ridículo, y cuando un director es capaz de conseguir eso sin que asome la vergüenza ajena, quiere decir que hay un trabajo bien hecho. A veces hay historias que no requieren de grandes medios ni larga duración para contarse, y “Nightborn” tiene la gran habilidad de contarlo todo de manera impoluta en sus 92 minutos.
