
Los pecadores
Que absoluto gusto cuando un gran estudio permite a un creador dar rienda suelta a lo que tiene dentro. Coogler ha creado una película atrevida, entretenida a rabiar, relevante y que parece haber encontrado su público en este cuento de terror folk especiado con blues, western y crítica social.
Hay una escena en particular, que no desvelaré pero que todos sabréis si la habéis visto, que es un despliegue de imaginación, ritmo, belleza, raíces y un poco de ciencia-ficción, que resume muy bien lo que es la película: una mezcla ecléctica de géneros que, milagrosa y gloriosamente, funciona de maravilla.
Lo curioso de la película es que, a pesar de que uno de sus supuestos puntos fuertes sea la presencia de vampiros, éste es secundario con respecto al interés que generan sus personajes principales. Cuando la estaba viendo en el cine, pensaba que me encantaría saber más de cada uno de ellos y de su pasado.
El arco previo de Stack con Annie, Smoke con Mary, el vampiro centenario, la vida de los gemelos en Chicago… todos son interesantes y te dejan con ganas de saber mucho más. Cuando llegan los vampiros, está bien justificado, y es muy divertido y con mucha mala leche, y me interesa la vuelta de tuerca a lo “abierto hasta el amanecer”, pero mi interés no viene por los bichos de colmillos largos, sino por los personajes principales, que ya me han enamorado.
Todos los actores están entregados, se nota que lo gozaron. Michel B. Jordan, que con Coogler siempre se desata, da la interpretación de su carrera interpretando a dos personajes con muchos matices. Hailee Steinfeld y Wunmi Mosaku están excelentes, pero Delroy Lindo me enamoró de verdad. Su personaje deriva en algo demasiado cómico, y si no fuese así creo que hubiese merecido una nominación al Oscar.
Merece mención especial el joven Miles Caton, con su primer papel en la gran pantalla, que borda como Sammy Moore. Caton tuvo que practicar cinco horas al día durante dos meses para conseguir tocar la guitarra como un auténtico artista de blues.
La película es bella. Rodada en IMAX, 70mm, con cuidada fotografía y sin abuso de efectos visuales, aunque sean muchos y necesarios. La música es gloriosa, con un Ludwig Göransson que bien podría ganar su tercer Oscar.
“Sinners” no es perfecta, ni creo que pretenda serlo, pero sí es un viaje muy entretenido por la época de la prohibición en el racista delta del Misisipi, con personajes relevantes, buenas actuaciones y un ritmo envidiable. Espero que sea un éxito porque necesitamos más cine así en un Hollywood que cada vez más va con el freno de mano puesto.