
Jurassic World: El renacer
Mi reseña de “Jurassic World: rebirth” (sin spoilers)
Lejos de abrazar grandes dilemas morales como las aburridas secuelas de la trilogía de “Jurassic world”, Rebirth nos plantea un discurso ético muy blandito y se centra en la aventura pura y dura y en la diversión. Abraza la diversión más pulp, como en las “King Kong” del 33 y de 2005.
Si hay algo que esta saga sabe hacer bien es arrancar una nueva trilogía. “Jurassic Park” fue un hito en el cine de aventuras y los efectos visuales y prácticos en el 93 (ese Tiranosaurio Rex que es el animatrónico más grande jamás creado). “Jurassic World” fue una entrada realmente entretenida, esta vez consiguiendo el objetivo de abrir el parque, pero con consecuencias finales realmente nefastas. Las secuelas de ambas trilogías fueron irregulares, aunque siempre fueron buenos blockbusters que supieron conectar con el público de todas las edades. Los niños querían dinos y los adultos querían acción y algunos huesos masticados. La saga siempre tuvo para todos.
Ahora se viene la séptima, parte de una serie de películas multimillonarias. Rebirth es una entrada muy interesante, aunque imperfecta, que parece un “one shot” al estilo de “Jurassic park III” y que se embarca en el terror y la aventura como pocas veces se ha hecho desde el 93. Se nos introduce a un equipo de aventureros a la caza de muestras biológicas en una zona prohibida del planeta por el sumo peligro que supone acceder a ella. Digamos primero lo menos bueno: la trama ha sido mil veces vista, salen niños, que siempre han sido lo peor de la saga a partir de la segunda parte, y hay un exceso de personajes que realmente no aportan nada a la trama más allá de resaltar las cuestiones éticas de la propia misión. Esto comporta que una película que hubiese sido perfecta con una duración de 100 minutos, se alargue hasta 134 minutos que parecen innecesarios. También, hay demasiados dinos mutantes, que son la mayoría. A mí esto no me ha molestado, los he disfrutado de verdad, pero habrá cierto público más conservador que eche de menos los típicos dinos que hemos ido viendo a lo largo de la saga. El punto positivo en cuanto a esto es que cuando aparece el T-rex (no es spoiler, está en el cartel de la peli) es un eventazo impresionante que se convierte en la mejor escena de la película.
Y ahora lo bueno. La película es un mix de géneros que funciona realmente bien. Pasamos de las aventuras en el mar y en tierra al terror extremo en ciertos pasajes, y todo esto con muy buen ritmo desde que entramos en faena y nos han presentado ya a todos los interminables personajes. Lo que me encantó es que los dinos se sienten reales, no solo por los efectos fotorrealistas, sino porque se comportan como animales. No son criaturas diabólicas perfectas, sino que se cansan, duermen, se resbalan y se despistan. Como he dicho, la escena del T-Rex es una genialidad, sobre todo porque lejos de ser frenética es “tranquila”, o sea que todo pasa muy lentamente, muy torpe, y genera una ansiedad bastante intensa.
Gareth Edwards, el director, es un especialista en efectos visuales. Esto le granjeó una fama desde “Monsters”(2010), que se hizo por escasos 15.000 dólares con resultados alucinantes, y gracias a ella Edwards pudo entrar en sagas como Star Wars, Godzilla y ahora los dinos. Pocos pueden decir que tienen un currículum así. En Rebirth este toque se nota, porque los efectos visuales son de lo mejor de la saga. Edwards nunca conseguirá personajes relevantes, pero sí unos visuales de auténtico lujo.
Scarlett Johansson demuestra sobradamente que puede llevar el mando de cualquier blockbuster. Su presencia en pantalla es potente y aporta, más allá de su evidente belleza. El resto de personajes “humanos” cumplen su cometido, aunque yo hubiese quitado de un plumazo a la familia del guión.
Quien sabe si será el arranque de una nueva trilogía o un verso suelto en este interesante universo, pero en definitiva, Rebirth es un producto veraniego muy entretenido que dará diversión asegurada, y algún susto a niños y adultos.