
Shrek
He vuelto a ver “Shrek” (2001) en su reestreno en cines, y sigue siendo una obra maestra de la animación. Esta parodia postmoderna de los cuentos de hadas, llegó en un momento de predominancia de la calidad, pero también del buenismo de Disney y Pixar. El ogro verde llegó pisando fuerte con su humor negro, su reparto estelar de voces, sus canciones contemporáneas y pegadizas, y su ironía salvaje, apta (más o menos) para niños pero también disfrutable (mucho) por los adultos.
Verla de nuevo es toda una experiencia, y hace recordar y descubrir todos los matices. Está plagada de dobles sentidos muy adultos, muchas veces de contenido sexual, y de comedia slapstick bizarra que divierte solo por el hecho de ver a los malos sufrir.
Su valor para la animación es incalculable, porque además de generar varias entregas y algún spin-off, abrió la veda a la creatividad de los estudios fuera del prisma ultrainfantilizado de Disney. Dreamworks explotó de éxito gracias a ella e Illumination basó casi todo su universo en Gru, siguiendo el paradigma de héroe feo, malote pero entrañable que es Shrek.
Si tenéis ocasión, id a ver el reestreno en cines, aunque solo sea por escuchar a los papis cuarentones partirse de risa, mientras sus hijos los miran porque no entienden la mitad de los chistes.